Los elefantes que asistieron al funeral de su protector

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Lawrence Anthony, una leyenda de Sudáfrica y autor de 3 libros, rescató valerosamente a animales salvajes y rehabilitó elefantes de todo el mundo de las atrocidades humanas, incluyendo el valiente rescate de los animales del Zoologico de Bagdad durante la invasión norteamericana de 2003.

El 2 de marzo de 2012 Lawrence Anthony falleció de un paro cardiaco. Lawrence estaba casado con Francoise Malby, tuvo 2 hijos, 2 nietos y numerosos elefantes. Dos días después de su deceso, los elefantes salvajes aparecieron en su casa, con dos enormes matriarcas a la cabeza. Las manadas salvajes llegaron por separado para despedirse de su bien amado amigo humano. Un total de 31 elefantes había caminado pacientemente más de 20 kilómetros para llegar a su casa en Sudáfrica.

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Lawrence Anthony (1950 – 2012)

Varias personas, testigos de este espectáculo, estaban asombrados no sólo por la suprema inteligencia y la precisión exacta de que estos elefantes sintieron sobre el deceso de Lawrence, sino también por los recuerdos y emociones profundos que estos amados animales evocaron de forma tan organizada, caminando lentamente durante días y abriéndose camino en una sola fila solemne desde su hábitat hasta su casa. La esposa de Lawrence, Francoise, se conmovió profundamente al ver a los elefantes cerca de su casa como dando el último adiós a su amigo que los había protegido y cuidado.

Sin embargo, ellos bien sabían a dónde iban. Era obvio que los elefantes querían dar su más profundo pésame, honrando a su amigo que les había salvado la vida, tanto así, que permanecieron durante 2 días sin comer absolutamente nada, y a la mañana del tercer día partieron en completo silencio, emprendiendo su largo viaje de regreso a casa.

El comportamiento de los elefantes traspasa, en ocasiones, las más insólitas fronteras, como lo demostró este grupo de paquidermos. Se ha comprobado que existe el duelo entre ellos, muestran reacciones dramáticas frente a los restos de sus congéneres, quedándose en silencio y tocándolos suavemente con sus trompas y pezuñas, y son capaces de volver a visitarlos, sin importar qué tan lejos se hallen y sin desviarse del camino.

¡Asombroso!

Los animales permanentemente dan al hombre lecciones de humanidad. Lástima que el hombre sea tan pésimo alumno.

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